Tentando la suerte
arrojando dados de un tercer piso,
tentando la muerte
encaramando el cuerpo desde un treceavo piso;
tentándote al verte
tú que te llevaste la funcionalidad de las cosas
el ritmo de las cosas y las casas
las casas de tres pisos y las de menos trece
las con vértigo y las del inframundo
las con ascensor que solo sube
y las con el que solo baja.
Las cosas se ven curiosas desde abajo,
casi me alegra estar lejos de las turbulencias.
Las casas son furiosas arriba,
casi me entristece no estorbar las violencias
con el cuerpo porque pongo el cuerpo
con el llanto porque lloro tanto
con la garganta porque me gorgotea la sangre
con la boca porque escupo,
me muero por las palabras
me muero por las palabras,
me miran con estupor y a mí se me gangrena la cabeza,
todo irrigó de la boca hacia a afuera
te manché la alfombra, lo siento.
Ando tentando la muerte de que tengo trece
y no solo de los treceavos pisos
(aquello que ocurre en la cornisa de una ventana);
tenté la suerte por tentar a la vida
los estímulos y los escotes, los estímulos y las malas juntas
tenté la suerte y perdí todo,
jugué de caja y me dieron como caja
me ultrajaron y me rajaron
no tuvieron ni un cuidado ni un gesto piadoso
porque justo andaba pelando el cable
porque a las locas culiás no les importa tocar fondo,
no les importa si el ascensor solo baja
si se ahogan en las casas de arriba nunca se enteran,
nunca nadie se entera
nunca nadie se entera
nunca nadie se alarma hasta que vomitas la alfombra.
Tentándote al verte, miserable,
tú que te llevaste la funcionalidad de las cosas
el ritmo de mis sentires y mis palabras,
¿por qué que tenía que sufrir yo?
¿por qué tenía que sufrir el duelo cuando era yo quien se había muerto?,
tú me habías muerto
tú me habías muerto,
tú, llevándote la funcionalidad de las cosas,
un bucle de ritos para vivir mi propia muerte
de mi cuerpo porque puse el cuerpo
de mi llanto porque lloré tanto
de mi garganta, porque le dejaste caer el peso de tu mano,
el peso de la noche
el peso de la ira, y yo dije
y las palabras me traicionaron,
las palabras me traicionaron y todo irrigó de la boca hacia afuera;
te vomité la almohada pero no lo siento, al fin y al cabo estoy muerta.
Las cosas se ven curiosas desde abajo,
tú que me dejaste en el menos trece;
desde abajo casi me sobrecogieron las sombras.
Las casas son furiosas arriba,
casi me entristece no estar lista aún para volver
al sitio donde para siempre tú no estás.
Una temporada en el Averno
no le dejan criterio a cualquiera;
y a mí que me enseñaron que hay que tener altura de miras,
a ti que te llevaste la funcionalidad de las cosas
te expulso para siempre de mi vida hecha tira.
martes, 5 de mayo de 2020
lunes, 4 de mayo de 2020
Reflexiones mientras despego las piernas del asiento de la micro
No prestar atención a lo que hablan;
descubrirme pensando en cómo quisiera tocarte
mientras atravieso Santiago en micro.
Los días los termino con las bragas húmedas
agotada de imaginar en todas partes.
¿Qué tenía tu mano cuando bajó por mi espalda que removió tantas cosas dentro?
Hacía falta que me tocaran bien para volver a sentir bien.
El miedo me castró el deseo, la distancia entre mi cuerpo
y el de algún otro
era abismal. Incapaz de comprometer nada
incluso el propio placer. ¿Cuál era el intercambio equivalente,
entonces? ¿Qué estuve cediendo?
Estos días siento que vibro.
Vibro escuchando música, vibro almorzando,
vibro cuando me cuentan cosas graciosas,
vibro cuando camino con audífonos por la calle y el sudor me corre por el cuello. ¿Qué fue,
qué fue?
Logro despegarme del asiento y aun siento vértigo. Un lugar desconocido: vuelvo a poner
el corazón a andar.
No sabía que era posible estar aún más caliente de lo que ya suelo estar. ¿Qué fue,
¿qué fue?
descubrirme pensando en cómo quisiera tocarte
mientras atravieso Santiago en micro.
Los días los termino con las bragas húmedas
agotada de imaginar en todas partes.
¿Qué tenía tu mano cuando bajó por mi espalda que removió tantas cosas dentro?
Hacía falta que me tocaran bien para volver a sentir bien.
El miedo me castró el deseo, la distancia entre mi cuerpo
y el de algún otro
era abismal. Incapaz de comprometer nada
incluso el propio placer. ¿Cuál era el intercambio equivalente,
entonces? ¿Qué estuve cediendo?
Estos días siento que vibro.
Vibro escuchando música, vibro almorzando,
vibro cuando me cuentan cosas graciosas,
vibro cuando camino con audífonos por la calle y el sudor me corre por el cuello. ¿Qué fue,
qué fue?
Logro despegarme del asiento y aun siento vértigo. Un lugar desconocido: vuelvo a poner
el corazón a andar.
No sabía que era posible estar aún más caliente de lo que ya suelo estar. ¿Qué fue,
¿qué fue?
Peso-plomo
Demasiados días mirándome las piernas a ver si crecen
los dedos a ver si se alargan
pero nada de eso ocurre
solo el pelo que se pierde y se pierde
solo el techo cada vez más cerca de mis narices
el cielo cada vez más lejos de la ventana
la luz que se escurre entre los dedos la luz que te pasa por el cabello
como un soplo y se va. Todo se va
estos días nada decide quedarse de mi lado
nadie decide escogerme para jugar
para que reciba el pelotazo
porque yo atajo con la cara.
Es el breakdown inevitable
yo me digo pa' estar tranquila, pa' no lamentar
las distancias las soledades
los lugares en los que no estamos,
los zapatos que no gastamos,
confinados en el espacio angosto que es uno mismo
tan chico, un mueble inútil
mala obra de ingeniería.
Me mintieron, me mintieron:
quedarme en cama nunca me hizo grande
aun cuando casi no puedo moverme por la casa
porque le quedó chica a mi corazón.
los dedos a ver si se alargan
pero nada de eso ocurre
solo el pelo que se pierde y se pierde
solo el techo cada vez más cerca de mis narices
el cielo cada vez más lejos de la ventana
la luz que se escurre entre los dedos la luz que te pasa por el cabello
como un soplo y se va. Todo se va
estos días nada decide quedarse de mi lado
nadie decide escogerme para jugar
para que reciba el pelotazo
porque yo atajo con la cara.
Es el breakdown inevitable
yo me digo pa' estar tranquila, pa' no lamentar
las distancias las soledades
los lugares en los que no estamos,
los zapatos que no gastamos,
confinados en el espacio angosto que es uno mismo
tan chico, un mueble inútil
mala obra de ingeniería.
Me mintieron, me mintieron:
quedarme en cama nunca me hizo grande
aun cuando casi no puedo moverme por la casa
porque le quedó chica a mi corazón.
Ocaso, en tu casa un celofán lila (o el fin del sol en un sillón)
Jugar a quien tiene la capacidad natural
de treparse primero al brazo del sillón
para luego desplegarse con gracia mamífera
estirarse clavando las uñas sobre el tapete
soltando el aire que nos obligamos -por reglas y protocolos del mismo juego- a aguantar.
Aguanta más, aguanta más
que ahí donde cuelga el deseo
pronto se prolonga el abrazo
te abanica tibio el aliento
y te recibe punzante una daga fálica
abriéndose como la luz que refractan los prismas.
Siento que me lleno de algo que no masa, que no pesa, que me va
alivianando el cuerpo aún cuando las contracciones me anclan al brazo del sillón.
Me llenas el cuerpo de cosas que ni tú sabes que te guardas,
de las que desconoces su manufactura y su envase.
Cachureos, dirías, y aún así me siento hermosamente etérea
y se me escurre viscoso el éter por entre las piernas,
y se me moja la falda, los dedos, los labios;
me va vaciando, la succión desdibuja prontamente los contornos.
El dolor dulce de la daga que pasa a través del éter, propagándose por los fluidos,
va calándome la columna y las vertebras, obligándome a desancorar el corazón y el aire,
el peso del torso y las nalgas.
Y es que contigo todo es termodinámica y nigromancia a la vez,
todo me devuelve férreamente al presente y por ello me asigna también a otro espacio,
a otro momento,
así como si anduviésemos abriendo portales en este tiempo-espacio que se colapsa
así como si pudiésemos dibujar otro tiempo el rato que se cola el sol de la tarde por tu ventana
(sol que te encandila el rostro y a mí me lo ruboriza),
presumir otra hora como esa que es ninguna cuando ese sol ya se va
y quedamos frente a frente, cuerpo a cuerpo
adivinándonos con ojos y dedos y ojos y piernas en el espacio lila de las ocho;
conjeturar otra bóveda celeste, otro firmamento
donde en tu abrazo estoy sustancialmente segura
donde nos abrigamos de las fauces del mundo
donde no hay este tiempo-espacio
y solo hay el sol retirándose del cenicero y mi hombro apoyado en tu sillón.
de treparse primero al brazo del sillón
para luego desplegarse con gracia mamífera
estirarse clavando las uñas sobre el tapete
soltando el aire que nos obligamos -por reglas y protocolos del mismo juego- a aguantar.
Aguanta más, aguanta más
que ahí donde cuelga el deseo
pronto se prolonga el abrazo
te abanica tibio el aliento
y te recibe punzante una daga fálica
abriéndose como la luz que refractan los prismas.
Siento que me lleno de algo que no masa, que no pesa, que me va
alivianando el cuerpo aún cuando las contracciones me anclan al brazo del sillón.
Me llenas el cuerpo de cosas que ni tú sabes que te guardas,
de las que desconoces su manufactura y su envase.
Cachureos, dirías, y aún así me siento hermosamente etérea
y se me escurre viscoso el éter por entre las piernas,
y se me moja la falda, los dedos, los labios;
me va vaciando, la succión desdibuja prontamente los contornos.
El dolor dulce de la daga que pasa a través del éter, propagándose por los fluidos,
va calándome la columna y las vertebras, obligándome a desancorar el corazón y el aire,
el peso del torso y las nalgas.
Y es que contigo todo es termodinámica y nigromancia a la vez,
todo me devuelve férreamente al presente y por ello me asigna también a otro espacio,
a otro momento,
así como si anduviésemos abriendo portales en este tiempo-espacio que se colapsa
así como si pudiésemos dibujar otro tiempo el rato que se cola el sol de la tarde por tu ventana
(sol que te encandila el rostro y a mí me lo ruboriza),
presumir otra hora como esa que es ninguna cuando ese sol ya se va
y quedamos frente a frente, cuerpo a cuerpo
adivinándonos con ojos y dedos y ojos y piernas en el espacio lila de las ocho;
conjeturar otra bóveda celeste, otro firmamento
donde en tu abrazo estoy sustancialmente segura
donde nos abrigamos de las fauces del mundo
donde no hay este tiempo-espacio
y solo hay el sol retirándose del cenicero y mi hombro apoyado en tu sillón.
jueves, 30 de enero de 2020
Casa de playa
Sabís Ámbar, hace tiempo que te quiero decir una cosa me dice
qué cosa digo de mala gana
hace tiempo que te siento distante y no soy la única que lo piensa
aunque en esta casa poco se piensa y mucho se grita
porque básicamente así funciona la insidia familiar.
Las hueás no son cuando tú querís yo digo
es que yo a ti te necesito, te quiero y te necesito me dice
porque la necesidad suplió la falta de cariño
de contención y abrazo
ahí donde aprendimos a ahogarnos.
Como aprendí, desaprendí
y tocó volver a aprender.
Aprendí a arrancar del apego ansioso
y es que también aprendí
que el amor cuando es bueno no duele
que el amor cuando es bueno no exige
no demanda
no te cobra atenciones, cuidados
no te engatusa mientras descuidadamente te machaca el corazón
pa' que estís cerca
pa' que te quedís por siempre
para volver a desaprender el buen querer.
Estoy cansada de que me embosquen el corazón
cada vez que decido tomar distancia
si es que eso significa crecer.
Estoy haciendo lo que me está haciendo bien no sé si estoy lista para hacerles bien a ustedes no sé si estoy lista para ustedes pero necesito que por favor me entiendas.
Si no puedes confiar en que te quiero cada vez que necesito irme entonces no confías en mí en lo absoluto.
Espero que no te pase nada pero no voy a esperarte despierta.
Apaga la luz del pasillo.
qué cosa digo de mala gana
hace tiempo que te siento distante y no soy la única que lo piensa
aunque en esta casa poco se piensa y mucho se grita
porque básicamente así funciona la insidia familiar.
Las hueás no son cuando tú querís yo digo
es que yo a ti te necesito, te quiero y te necesito me dice
porque la necesidad suplió la falta de cariño
de contención y abrazo
ahí donde aprendimos a ahogarnos.
Como aprendí, desaprendí
y tocó volver a aprender.
Aprendí a arrancar del apego ansioso
y es que también aprendí
que el amor cuando es bueno no duele
que el amor cuando es bueno no exige
no demanda
no te cobra atenciones, cuidados
no te engatusa mientras descuidadamente te machaca el corazón
pa' que estís cerca
pa' que te quedís por siempre
para volver a desaprender el buen querer.
Estoy cansada de que me embosquen el corazón
cada vez que decido tomar distancia
si es que eso significa crecer.
Estoy haciendo lo que me está haciendo bien no sé si estoy lista para hacerles bien a ustedes no sé si estoy lista para ustedes pero necesito que por favor me entiendas.
Si no puedes confiar en que te quiero cada vez que necesito irme entonces no confías en mí en lo absoluto.
Espero que no te pase nada pero no voy a esperarte despierta.
Apaga la luz del pasillo.
miércoles, 22 de enero de 2020
Y tras esta breve pausa a comerciales vuelvo al trabajo
Me preguntaste qué era que te hicieran la mente
te lo expliqué muy precipitadamente
como si fuera sustancialmente algo malo
pero solo quería decirte que tú me hacís la mente
que me hacís la mente brígido
y aquí me desvelo sintiéndome medio tonta
casi tonta
por no decirte por no contestarte cuando me preguntaste que si tenía sueño
que tenía bastantante más que sueño
en ese preciso instante
porque me estaba haciendo la mente contigo
-después de que decidí dejar de hacerlo-
otra vez más.
De repente hay cosas que es mejor no decirse, ¿o no?
pero es tan re aburrida la cautela, yo estoy bien harta de vivir a medias
sentir a medias
mesurar el temblor de entrepierna
ahogar el dolor de guata con artemisa.
De repente hay cosas que es mejor que nos digamos
aunque pensaba que eso ya lo habíamos hecho, ya lo habíamos jugado (porque yo quise jugarlo, tú me lo seguiste)
pero no me aplacó los sentires, no me aplacó los sentires
pensé que reduciendo el principio de incertidumbre se volvería aburrido y yo me aburriría como siempre me aburro de los aburridos
y solo se puso mejor,
qué desconcertada estoy.
Sería súper gracioso que leyeras esto, porque no me lo dirías nunca
pero me entenderías, yo creo. Creo muchas cosas y se me olvida que no te conozco bien
pero se siente tan seguro, tan fuera de peligro.
Aún cuando fastidia, aún cuando duele.
Sería gracioso que leyeras esto, quizás te estoy contestando las preguntas que no me vas a hacer;
quizás lo escribo pa' apaciguar la determinación que tengo de decírtelo, tal como no lo hice anteanoche.
Quizás lo escribo pa' cortar con la costumbre de largar las verdades sin cuidado
porque parece que te quiero un poco y que quiero decir las cosas distinto.
Mi naturaleza de catre -bruta como yo misma- se suaviza.
Quizás lo escribo pa' no volver a hacerte la mente
pero más que nada para no volver a sentir que me voy a arrancar con los tarros
y te voy a terminar chantando un beso igual
porque me está costando, me está costando
dejemos de vernos por un rato
¿vale?
te lo expliqué muy precipitadamente
como si fuera sustancialmente algo malo
pero solo quería decirte que tú me hacís la mente
que me hacís la mente brígido
y aquí me desvelo sintiéndome medio tonta
casi tonta
por no decirte por no contestarte cuando me preguntaste que si tenía sueño
que tenía bastantante más que sueño
en ese preciso instante
porque me estaba haciendo la mente contigo
-después de que decidí dejar de hacerlo-
otra vez más.
De repente hay cosas que es mejor no decirse, ¿o no?
pero es tan re aburrida la cautela, yo estoy bien harta de vivir a medias
sentir a medias
mesurar el temblor de entrepierna
ahogar el dolor de guata con artemisa.
De repente hay cosas que es mejor que nos digamos
aunque pensaba que eso ya lo habíamos hecho, ya lo habíamos jugado (porque yo quise jugarlo, tú me lo seguiste)
pero no me aplacó los sentires, no me aplacó los sentires
pensé que reduciendo el principio de incertidumbre se volvería aburrido y yo me aburriría como siempre me aburro de los aburridos
y solo se puso mejor,
qué desconcertada estoy.
Sería súper gracioso que leyeras esto, porque no me lo dirías nunca
pero me entenderías, yo creo. Creo muchas cosas y se me olvida que no te conozco bien
pero se siente tan seguro, tan fuera de peligro.
Aún cuando fastidia, aún cuando duele.
Sería gracioso que leyeras esto, quizás te estoy contestando las preguntas que no me vas a hacer;
quizás lo escribo pa' apaciguar la determinación que tengo de decírtelo, tal como no lo hice anteanoche.
Quizás lo escribo pa' cortar con la costumbre de largar las verdades sin cuidado
porque parece que te quiero un poco y que quiero decir las cosas distinto.
Mi naturaleza de catre -bruta como yo misma- se suaviza.
Quizás lo escribo pa' no volver a hacerte la mente
pero más que nada para no volver a sentir que me voy a arrancar con los tarros
y te voy a terminar chantando un beso igual
porque me está costando, me está costando
dejemos de vernos por un rato
¿vale?
lunes, 26 de agosto de 2019
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