jueves, 14 de mayo de 2020

Con el peso de mis talones

Tener pena
como quien resiente el peso del día sobre los talones;
agotada de soportar verticalmente
del afluir subterráneo de la sangre,
de erguirme y quebrarme los huesos
trizar los palos de helado
que cimentan la edificación que habito
los que no soportan ni cemento
ni hormigón
ni cal ni arena.

Estirarme para solo remover las piezas rotas
para no afanarme en que ya todo perdió altura
aunque no quiero estoy cada vez más cerca del piso
resistiéndome a tocar la tierra, con asco.
"Jipis culiaos",
pero los talones tiran pa' abajo
la sangre tira, dicen
me hunde
imantada a la tierra
resistiéndome a volver.


Teníamos planos y más planos
planes y más planes,
ahora vivimos del pan
en ghettos urbanos,
nos quedamos con la pieza chica, la de atrás
nos quejamos menos pero nos duele más
el futuro pierde espacio
nos abandona la fuerza de la historia.

Dejados, sucios,
la propia tierra que nos dejaron
resistiéndonos a tocarla con asco, con miedo
tapándonos los oídos para no oír el temblor
protegiéndonos de lo que sabemos no soportaríamos,
los movimientos telúricos de la historia
el tironeo de la selección natural
el arreglo de cuentas bíblico.
El miedo al desbaratamiento
y que nadie quiere morirse realmente,
por eso duele más, mas duele
porque resistimos como las baratas
debajo de las tablas de madera de los edificios de Miraflores.


El abandono. Expuestos.
Tener pena porque la sangre tira,
porque estoy obligada a abandonar mis partes;
todos tenemos que abandonar algo
-se acabó la beneficiencia-
algo que abandonar
ceder futuro, hacer espacio
poner pan y metros cuadrados
y así no confesarlo todo perdido.
Tener pena porque la Revelación apocalíptica es el real desbaratamiento,
aquel que expone la ficción que es la vida aquí
y de qué forma -forzosamente-
puede acercarse más a ser propia
a reconocer el real ritmo de la historia
los mecanismos naturales y cómo se resuelven los conflictos
divinos sin necesidad de partir el cielo.
Abandonar mi ficción para ganar realidades
perder altura para adquirir profundidad
encontrarle la riqueza a la tierra
húmeda, fría, olorosa,
con su propio sistema de intercambio
con su propia lengua subterránea.

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