Nos pesaban los brazos,
frustrados;
queríamos sacarnos la chucha,
nos alcanzaba solo pa' un abrazo.
Yo no creo en esas hueás
ni tampoco recuerdo quién me dijo que algunas cosas
solo se arreglan a combos;
yo no sé arreglar hueás
y quizá todo se reduce a ese principio fundador.
Tampoco soy buena pa' romper cosas
por eso creo que esto no tiene otro arreglo:
mis uñas en tu carne
en sintonía con lo que te palpita
lo que te hace bailar las piernas
de criatura insoportable.
Una vez leí que esa era la razón de la antropofagia,
eliminarte tragándote
engullendo la nobleza de tus fauces,
digna de admiración
por lo que no nos agarramos a combos.
Si hubiese tenido más fuerza
(yo que nunca termino de hacerme más fuerte
y me cuesta sostener mi propio cuerpo
en medida que pierdo y pierdo existencia),
si hubiese cogido más ímpetu
tendría menos vergüenza que la que me mueve a arrastrarme ahora
ahora que pierdo y pierdo proyección.
Queríamos puro sacarnos la chucha,
pero el gesto de un abrazo como la chaucha
guardada que no alcanza
y que puro me da más ganas de pegarte,
agarrarte a tirones y chuchás
enojarme pero enojarme en serio
pelearnos pero pelearnos brígido
porque yo hago todas las hueás a medias
y hasta pa' pelear me canso antes.
Estoy perdiendo peso estoy perdiendo cuerpo
y estoy perdiendo convicción me diría algún hueón pretencioso,
estoy cansada me dirían autocomplaciente las amistades
y yo creo que solo estoy perdiendo el juicio.
Dejen de retarme dejen el paqueo moral,
yo ya sé que lo que no se usa se atrofia
y por eso cada cierto tiempo movilizo la rabia
la echo a andar a la hueona
hasta que pierde asunto.
Cómo vai a andar peleándote me dice mi mami
si ahora hay que puro guardar energías pa' cuando la cosa se complique;
un instinto básico de supervivencia
de preservación de alguna cosa.
Y sin embargo
así con protocolo de emergencia y todo
así con flaqueza y choreza que son la combinación más piante
(y yo, un perro chico)
así y todo yo quería puro sacarte la chucha;
y porque a mí nadie me enseñó el juego con que la vida se movía
en función de quien se pescaba más fuerte
estoy como estoy
perdiendo y perdiendo.
viernes, 3 de julio de 2020
lunes, 15 de junio de 2020
Cartografía amorosa
Mapas del afecto
proyectados en el tránsito y recogimiento de los platos
en el envolvimiento y disposición de las frazadas
en la colocación y rastreo de los calcetines
cuando se levanta, ya deshecha,
la cama.
la cama.
Hay largas distancias entre la preparación de una sopa
la reproducción ordenada de las canciones de un disco
conversaciones reanudadas tras la interrupción del hervidor
o de una riña local
o de labores ya olvidadas (como la de contestar un correo),
acaudalados de noche y trasnoche.
Se recorren largos caminos del viernes al sábado,
del viernes a la mañana (o la mañana esa de las una de la tarde),
pasos que solo van borrándose
con el eco accidentado de la feria
con el jaleo de las bolsas y el almuerzo
con algún otro desencuentro
y la llamada para pedir el gas.
Algunas jornadas registran más movimiento que otras:
reparo en las fluctuaciones anímicas
en el elemento conversacional
en el estado de agregación de los sentipensamientos.
Mañanas de jetlag
como mañanas de hipomanía;
a veces cuando vuelvo a casa
cartografío los afectos
con la misma detención que revuelvo la sopa
y con el mismo cuidado que quisiera lavarte el pelo.
Trazos de andanza compartida
en estos meses de confinamiento, exhaustivos;
cinemáticamente mi cabeza registra tu trayectoria en la penumbra
desnudo, de la puerta al costado de la cama
pasándote una mano por el pelo
de pie con el pene erecto
mirándome
amoroso.
jueves, 28 de mayo de 2020
Buceo
Soñé que se me agrietaban los labios
con el ardor ansiosos del relamerse
en el decidirse a ser y decir
o decir y ser en el habla,
jugando a ser una propuesta
dramática de una misma,
una declamación
un simulacro.
Soñé con lirios,
con lilas lacustres
al pie de una laguna lavanda;
soñé con Ligeia
Leucótea
Lympha;
me entregué al sueño que me reclamaba
mientras con el ápice de la lengua
me partía la saliva la boca
la boca la saliva
dibujando las palabras que me asegurarían la entrada.
Soñé que era libre y que la arcilla olía
afectuosa; soñé que ingresaba a un recinto
de muros translúcidos, lúdicos;
soñé a calmar el ardor sumergiendo la cabeza en el lago
plegando los párpados al entrar.
Soñé que el dolor no era una celda;
soñé con él y me sentí despierta,
turbulenta;
que cada palabra declamada
le devolvía otro suspiro de mi aire al lago
agotándome el pecho, desvaneciéndome el habla
y cedí porque al fondo otros brazos se extendían
blandos, esperando mi cuerpo blando
para abrazarlo en lo oscuro de su corazón.
con el ardor ansiosos del relamerse
en el decidirse a ser y decir
o decir y ser en el habla,
jugando a ser una propuesta
dramática de una misma,
una declamación
un simulacro.
Soñé con lirios,
con lilas lacustres
al pie de una laguna lavanda;
soñé con Ligeia
Leucótea
Lympha;
me entregué al sueño que me reclamaba
mientras con el ápice de la lengua
me partía la saliva la boca
la boca la saliva
dibujando las palabras que me asegurarían la entrada.
Soñé que era libre y que la arcilla olía
afectuosa; soñé que ingresaba a un recinto
de muros translúcidos, lúdicos;
soñé a calmar el ardor sumergiendo la cabeza en el lago
plegando los párpados al entrar.
Soñé que el dolor no era una celda;
soñé con él y me sentí despierta,
turbulenta;
que cada palabra declamada
le devolvía otro suspiro de mi aire al lago
agotándome el pecho, desvaneciéndome el habla
y cedí porque al fondo otros brazos se extendían
blandos, esperando mi cuerpo blando
para abrazarlo en lo oscuro de su corazón.
miércoles, 20 de mayo de 2020
jueves, 14 de mayo de 2020
Con el peso de mis talones
Tener pena
como quien resiente el peso del día sobre los talones;
agotada de soportar verticalmente
del afluir subterráneo de la sangre,
de erguirme y quebrarme los huesos
trizar los palos de helado
que cimentan la edificación que habito
los que no soportan ni cemento
ni hormigón
ni cal ni arena.
Estirarme para solo remover las piezas rotas
para no afanarme en que ya todo perdió altura
aunque no quiero estoy cada vez más cerca del piso
resistiéndome a tocar la tierra, con asco.
"Jipis culiaos",
pero los talones tiran pa' abajo
la sangre tira, dicen
me hunde
imantada a la tierra
resistiéndome a volver.
Teníamos planos y más planos
planes y más planes,
ahora vivimos del pan
en ghettos urbanos,
nos quedamos con la pieza chica, la de atrás
nos quejamos menos pero nos duele más
el futuro pierde espacio
nos abandona la fuerza de la historia.
Dejados, sucios,
la propia tierra que nos dejaron
resistiéndonos a tocarla con asco, con miedo
tapándonos los oídos para no oír el temblor
protegiéndonos de lo que sabemos no soportaríamos,
los movimientos telúricos de la historia
el tironeo de la selección natural
el arreglo de cuentas bíblico.
El miedo al desbaratamiento
y que nadie quiere morirse realmente,
por eso duele más, mas duele
porque resistimos como las baratas
debajo de las tablas de madera de los edificios de Miraflores.
El abandono. Expuestos.
Tener pena porque la sangre tira,
porque estoy obligada a abandonar mis partes;
todos tenemos que abandonar algo
-se acabó la beneficiencia-
algo que abandonar
ceder futuro, hacer espacio
poner pan y metros cuadrados
y así no confesarlo todo perdido.
Tener pena porque la Revelación apocalíptica es el real desbaratamiento,
aquel que expone la ficción que es la vida aquí
y de qué forma -forzosamente-
puede acercarse más a ser propia
a reconocer el real ritmo de la historia
los mecanismos naturales y cómo se resuelven los conflictos
divinos sin necesidad de partir el cielo.
Abandonar mi ficción para ganar realidades
perder altura para adquirir profundidad
encontrarle la riqueza a la tierra
húmeda, fría, olorosa,
con su propio sistema de intercambio
con su propia lengua subterránea.
como quien resiente el peso del día sobre los talones;
agotada de soportar verticalmente
del afluir subterráneo de la sangre,
de erguirme y quebrarme los huesos
trizar los palos de helado
que cimentan la edificación que habito
los que no soportan ni cemento
ni hormigón
ni cal ni arena.
Estirarme para solo remover las piezas rotas
para no afanarme en que ya todo perdió altura
aunque no quiero estoy cada vez más cerca del piso
resistiéndome a tocar la tierra, con asco.
"Jipis culiaos",
pero los talones tiran pa' abajo
la sangre tira, dicen
me hunde
imantada a la tierra
resistiéndome a volver.
Teníamos planos y más planos
planes y más planes,
ahora vivimos del pan
en ghettos urbanos,
nos quedamos con la pieza chica, la de atrás
nos quejamos menos pero nos duele más
el futuro pierde espacio
nos abandona la fuerza de la historia.
Dejados, sucios,
la propia tierra que nos dejaron
resistiéndonos a tocarla con asco, con miedo
tapándonos los oídos para no oír el temblor
protegiéndonos de lo que sabemos no soportaríamos,
los movimientos telúricos de la historia
el tironeo de la selección natural
el arreglo de cuentas bíblico.
El miedo al desbaratamiento
y que nadie quiere morirse realmente,
por eso duele más, mas duele
porque resistimos como las baratas
debajo de las tablas de madera de los edificios de Miraflores.
El abandono. Expuestos.
Tener pena porque la sangre tira,
porque estoy obligada a abandonar mis partes;
todos tenemos que abandonar algo
-se acabó la beneficiencia-
algo que abandonar
ceder futuro, hacer espacio
poner pan y metros cuadrados
y así no confesarlo todo perdido.
Tener pena porque la Revelación apocalíptica es el real desbaratamiento,
aquel que expone la ficción que es la vida aquí
y de qué forma -forzosamente-
puede acercarse más a ser propia
a reconocer el real ritmo de la historia
los mecanismos naturales y cómo se resuelven los conflictos
divinos sin necesidad de partir el cielo.
Abandonar mi ficción para ganar realidades
perder altura para adquirir profundidad
encontrarle la riqueza a la tierra
húmeda, fría, olorosa,
con su propio sistema de intercambio
con su propia lengua subterránea.
lunes, 11 de mayo de 2020
Pero quién puede dormir en este barrio
Aquí las noches están hechas del mismo sustrato que el eco,
aquí, donde las grietas reverberan
sonidos sordos del televisor
que inunda con gravedad cada espacio del velador y el catre,
cada espacio de los pensamientos y los nervios
agudos cuando el helicóptero vuelve a cumplir otra ronda
de las cientas que coronan las noches
hechas del mismo sustrato que el terror.
Las ventanas a penas soportan nuestros ojos
fijos, pronto comienzan a agrietar el vidrio;
a penas soportan la presión de la violencia que se derrama afuera
y que hace retumbar los blocks
de día y de noche de día y de noche
estas semanas que se prolongan como balas supersónicas atravesando el cielo
azul y primaveral, transparente
donde las primeras flores en abrir sangran por llorar la muerte
que pesa
en el aire.
Aquí las noches se colman de ruidos:
susurros y llantos ahogados con la mano
como también de gritos, insolencia, chasquidos
guatapiques, peñascazos y declaraciones abiertas
contra el silencio
contra la indolencia
contra el sapeo y la restricción,
en contra de la materia oscura del terror, contra la paralización del cuerpo
en contra del zancudo-helicóptero que ronda
y en contra de la propia noche;
gritos pidiendo nada más ni nada menos
que el devenir del día en mitad de la noche
para así dejar de fingir de una vez por todas
que siquiera alguien puede dormir en paz en este vecindario.
aquí, donde las grietas reverberan
sonidos sordos del televisor
que inunda con gravedad cada espacio del velador y el catre,
cada espacio de los pensamientos y los nervios
agudos cuando el helicóptero vuelve a cumplir otra ronda
de las cientas que coronan las noches
hechas del mismo sustrato que el terror.
Las ventanas a penas soportan nuestros ojos
fijos, pronto comienzan a agrietar el vidrio;
a penas soportan la presión de la violencia que se derrama afuera
y que hace retumbar los blocks
de día y de noche de día y de noche
estas semanas que se prolongan como balas supersónicas atravesando el cielo
azul y primaveral, transparente
donde las primeras flores en abrir sangran por llorar la muerte
que pesa
en el aire.
Aquí las noches se colman de ruidos:
susurros y llantos ahogados con la mano
como también de gritos, insolencia, chasquidos
guatapiques, peñascazos y declaraciones abiertas
contra el silencio
contra la indolencia
contra el sapeo y la restricción,
en contra de la materia oscura del terror, contra la paralización del cuerpo
en contra del zancudo-helicóptero que ronda
y en contra de la propia noche;
gritos pidiendo nada más ni nada menos
que el devenir del día en mitad de la noche
para así dejar de fingir de una vez por todas
que siquiera alguien puede dormir en paz en este vecindario.
martes, 5 de mayo de 2020
Altura de miras
Tentando la suerte
arrojando dados de un tercer piso,
tentando la muerte
encaramando el cuerpo desde un treceavo piso;
tentándote al verte
tú que te llevaste la funcionalidad de las cosas
el ritmo de las cosas y las casas
las casas de tres pisos y las de menos trece
las con vértigo y las del inframundo
las con ascensor que solo sube
y las con el que solo baja.
Las cosas se ven curiosas desde abajo,
casi me alegra estar lejos de las turbulencias.
Las casas son furiosas arriba,
casi me entristece no estorbar las violencias
con el cuerpo porque pongo el cuerpo
con el llanto porque lloro tanto
con la garganta porque me gorgotea la sangre
con la boca porque escupo,
me muero por las palabras
me muero por las palabras,
me miran con estupor y a mí se me gangrena la cabeza,
todo irrigó de la boca hacia a afuera
te manché la alfombra, lo siento.
Ando tentando la muerte de que tengo trece
y no solo de los treceavos pisos
(aquello que ocurre en la cornisa de una ventana);
tenté la suerte por tentar a la vida
los estímulos y los escotes, los estímulos y las malas juntas
tenté la suerte y perdí todo,
jugué de caja y me dieron como caja
me ultrajaron y me rajaron
no tuvieron ni un cuidado ni un gesto piadoso
porque justo andaba pelando el cable
porque a las locas culiás no les importa tocar fondo,
no les importa si el ascensor solo baja
si se ahogan en las casas de arriba nunca se enteran,
nunca nadie se entera
nunca nadie se entera
nunca nadie se alarma hasta que vomitas la alfombra.
Tentándote al verte, miserable,
tú que te llevaste la funcionalidad de las cosas
el ritmo de mis sentires y mis palabras,
¿por qué que tenía que sufrir yo?
¿por qué tenía que sufrir el duelo cuando era yo quien se había muerto?,
tú me habías muerto
tú me habías muerto,
tú, llevándote la funcionalidad de las cosas,
un bucle de ritos para vivir mi propia muerte
de mi cuerpo porque puse el cuerpo
de mi llanto porque lloré tanto
de mi garganta, porque le dejaste caer el peso de tu mano,
el peso de la noche
el peso de la ira, y yo dije
y las palabras me traicionaron,
las palabras me traicionaron y todo irrigó de la boca hacia afuera;
te vomité la almohada pero no lo siento, al fin y al cabo estoy muerta.
Las cosas se ven curiosas desde abajo,
tú que me dejaste en el menos trece;
desde abajo casi me sobrecogieron las sombras.
Las casas son furiosas arriba,
casi me entristece no estar lista aún para volver
al sitio donde para siempre tú no estás.
Una temporada en el Averno
no le dejan criterio a cualquiera;
y a mí que me enseñaron que hay que tener altura de miras,
a ti que te llevaste la funcionalidad de las cosas
te expulso para siempre de mi vida hecha tira.
arrojando dados de un tercer piso,
tentando la muerte
encaramando el cuerpo desde un treceavo piso;
tentándote al verte
tú que te llevaste la funcionalidad de las cosas
el ritmo de las cosas y las casas
las casas de tres pisos y las de menos trece
las con vértigo y las del inframundo
las con ascensor que solo sube
y las con el que solo baja.
Las cosas se ven curiosas desde abajo,
casi me alegra estar lejos de las turbulencias.
Las casas son furiosas arriba,
casi me entristece no estorbar las violencias
con el cuerpo porque pongo el cuerpo
con el llanto porque lloro tanto
con la garganta porque me gorgotea la sangre
con la boca porque escupo,
me muero por las palabras
me muero por las palabras,
me miran con estupor y a mí se me gangrena la cabeza,
todo irrigó de la boca hacia a afuera
te manché la alfombra, lo siento.
Ando tentando la muerte de que tengo trece
y no solo de los treceavos pisos
(aquello que ocurre en la cornisa de una ventana);
tenté la suerte por tentar a la vida
los estímulos y los escotes, los estímulos y las malas juntas
tenté la suerte y perdí todo,
jugué de caja y me dieron como caja
me ultrajaron y me rajaron
no tuvieron ni un cuidado ni un gesto piadoso
porque justo andaba pelando el cable
porque a las locas culiás no les importa tocar fondo,
no les importa si el ascensor solo baja
si se ahogan en las casas de arriba nunca se enteran,
nunca nadie se entera
nunca nadie se entera
nunca nadie se alarma hasta que vomitas la alfombra.
Tentándote al verte, miserable,
tú que te llevaste la funcionalidad de las cosas
el ritmo de mis sentires y mis palabras,
¿por qué que tenía que sufrir yo?
¿por qué tenía que sufrir el duelo cuando era yo quien se había muerto?,
tú me habías muerto
tú me habías muerto,
tú, llevándote la funcionalidad de las cosas,
un bucle de ritos para vivir mi propia muerte
de mi cuerpo porque puse el cuerpo
de mi llanto porque lloré tanto
de mi garganta, porque le dejaste caer el peso de tu mano,
el peso de la noche
el peso de la ira, y yo dije
y las palabras me traicionaron,
las palabras me traicionaron y todo irrigó de la boca hacia afuera;
te vomité la almohada pero no lo siento, al fin y al cabo estoy muerta.
Las cosas se ven curiosas desde abajo,
tú que me dejaste en el menos trece;
desde abajo casi me sobrecogieron las sombras.
Las casas son furiosas arriba,
casi me entristece no estar lista aún para volver
al sitio donde para siempre tú no estás.
Una temporada en el Averno
no le dejan criterio a cualquiera;
y a mí que me enseñaron que hay que tener altura de miras,
a ti que te llevaste la funcionalidad de las cosas
te expulso para siempre de mi vida hecha tira.
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